Bicentenario asesinato del Gral. Güemes

Opinón 21 de junio de 2021 Por Alcira Vaca Martinez
Sus profundas huellas en la memoria de la Patria Grande
FOTO GUEMES 1

La noche del 7 de junio de 1821, las tropas realistas ocuparon la ciudad de Salta y al salir a combatirlos, Martin Miguel de Güemes fue herido por una bala. Siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad donde murió el 17 de junio del año 1821 
Tenia apenas 36 años. 
 Había nacido en Salta el 8 de febrero de 1785. A los catorce años, Martín Miguel de Güemes ingresó en la carrera militar incorporándose al “Fijo de Infantería” que estaba acantonado en Salta.  
Con su regimiento participó de la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 como edecán de Santiago de Liniers. 
Tras la Revolución de Mayo, Güemes se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú, formando parte posteriormente de las tropas que resultaron victoriosas el 7 de noviembre de 1810 en la batalla de Suipacha al mando del Gral. Antonio González Balcarce enfrentando a las tropas realistas dirigidas por José de Córdova. 
El triunfo de Suipacha destaca por ser la primera victoria militar de la Revolución, y permitió ocupar la rica zona minera del Potosí, e instalar un gobierno revolucionario encabezado por Juan José Castelli.  
Tras el triunfo de Suipacha, Güemes regresa a Buenos Aires y participa del sitio de Montevideo y regresa definitivamente a su Salta natal en 1815. Gracias a su experiencia militar se puso al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia.  
El 15 de mayo de 1815 fue electo como gobernador de su provincia, cargo que ejerció hasta 1820. 
En el Bicentenario de su desaparición física intentaremos acercarnos en lo posible a la figura del caudillo y líder popular salteño. 
Como siempre y en total dependencia de quien o quienes lo aborden, el accionar y valoración de cada una de las figuras fundantes de nuestra Patria, estará impregnado en primer lugar, por su   pertenencia  de clase y la de los políticos ,  historiadores, cronistas, escritores o narradores  de su época y aún de las posteriores. 
Al intentar abordar un debate que aspira a ser enriquecedor, pensamos que es de suma utilidad, puntualizar que junto a su condición de militar y político, se destaca su carácter de líder popular vinculado en gran  medida a los sectores humildes  que lo siguieron con fe y esperanza y a quienes favoreció con medidas concretas. 
Medidas concretas. ¿Cuáles? 
Por lo pronto destacamos una serie de legislaciones orientadas a mejorar la vida de los guachos-sus Infernales-que lo acompañaron, en lo que se denominó de manera amplia “La Guerra Gaucha”, una verdadera guerra de guerrillas o guerra irregular, por las características de sus acciones rápidas de hostilidad al enemigo desarrolladas a lo largo de esos años. 
Estas acciones fueron altamente consideradas por el Gral. San Martín, quien manifestó:” … “No empeñar jamás una acción general con las fuerzas a su mando y sólo acciones parciales, de las que sin duda sacará ventajas, que aunque pequeñas, su multiplicación hará decrecer al contrario, ganará opinión y partido y al fin tendrá un resultado igual al de una batalla ganada…” 
Al anoticiarse que en 1817 el Gral. de la Serna, preparaba una invasión a Salta al frente de 3500 hombres, Güemes puso a la provincia en pie de guerra, organizando un verdadero ejército popular en más de trescientas partidas de veinte hombres cada una.  

infernales
El 1º de marzo de 1817, Güemes logró recuperar Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión. La estrategia de Güemes fue la de una aparente retirada con tierra arrasada, pero con un permanente hostigamiento al enemigo con tácticas guerrilleras 
Esta estrategia fue en alguna medida determinante en todas las luchas por la independencia, no sólo en Argentina, determinando   una forma particular de hacer la guerra al sur del continente. 
Las medidas que Güemes tomaba en favor de sus gauchos desafiaban las normas establecidas y generaron una fuerte resistencia en las clases dominantes, llamadas “decentes”, para las cuales, los gauchos analfabetos eran de “calidad” inferior y por lo tanto, “de qué derechos para con ellos podía hablarse?” 
Que otra cosa podía hacer el General Güemes sino preocuparse por su tropa de gauchos voluntarios conociendo que compartían la miseria que tenían, o sea muy poco y nada, pero, aun así, lo entregaban todo a la causa de la libertad, incluso sus hijos. 
Y no sólo eso, sus mujeres jugaron un rol esencial como llevadoras de noticias importantes para el mando de las tropas patriotas, junto a los curas gauchos que hicieron causa común con sus parroquias y campanas. 
Una de estas medidas que favorecían a los gauchos enlistados como se les comienza a llamar desde 1814, era que pudieran ser juzgados por sus oficiales y no por la justicia ordinaria. 
El no pago de arriendo, mientras estuvieran en armas -casi 10 años-determinó un fuerte perfil social, preocupante para la Salta conservadora. 
También aumentó los impuestos y continuó con su política de reparto de tierras. 
A la hora de dictar sentencias contra el enemigo, Güemes no fue vengativo. Respetó sus vidas, pero los atacó donde más daño les hacía: sus intereses económicos, cambiando la cárcel por fuertes multas. 
La oligarquía salteña no iba a quedarse quieta viendo cómo se afectaban sus intereses económicos por un lado y de clase por el otro, o viceversa. 
Numerosos miembros de las tradicionales familias “decentes “conspiraron con el enemigo, ayudando a la vanguardia realista conducida por José María Valdez, un coronel salteño traidor que estaba a las órdenes del ejército español. 
La controversia en torno a Güemes y su dilución en una figura   prácticamente inofensiva, vacía de contenido, no escapó a la intencionalidad de sectores conservadores y reaccionarios,  convirtiéndolo en un héroe impoluto, sin vinculación  con aquellos a quienes comandaba en la guerra, desconociendo incluso, las tensiones que existían entre el general y sus tropa de gauchos pobres. 
Por décadas lo mantuvieron petrificado en el bronce, convertido sólo en una estatua, paralelismo que encontramos también en las figuras de San Martin y Belgrano, por sólo mencionar a dos ejemplos concretos de esta intencionalidad. 
Ejemplo de la apropiación por las clases conservadoras de la figura del Gral. Güemes es la inauguración del Complejo Escultórico, que recuerda su gesta y que fue inaugurado en 1931, personalmente por el presidente de facto Gral. José Félix Uriburu, que había desalojado por la fuerza de las armas al presidente constitucional Dr. Hipólito Irigoyen. 
Clara intención y acciones para apropiarse del Gral. Güemes por parte de la misma clase social que conspiró contra él y la causa revolucionaria en aquellos tiempos convulsos para la Patria, despojándolo de definiciones cruciales en defensa de los intereses de la Patria y de los sectores excluidos que daban su vida por ella. 
E inclusive hubo una firme determinación de transformar al General Güemes en un hecho cultural, despojado de toda connotación política y social. 
Sucesivos gobiernos integrados casi a perpetuidad por los mismos enemigos del jefe gaucho utilizaron a voluntad y conveniencia su figura, intentando aprovechar la adhesión popular que despertaba con entusiasmo. 
La reconstrucción del héroe popular que convocaba tras de sí, a sectores dispares e incluso antagónicos intentaba de esa manera, la conciliación y freno, por parte de las elites dominantes de los gauchos sin tierra o gauchos pobres, sometidos a los terratenientes y hacendados vinculados históricamente al poder económico local. 
En la actualidad, se puede advertir la persistencia de aquellos posicionamientos sociales y políticos, basados en intereses económicos concentrados e incluso de sectores que se definen como guemesianos, donde también existe el riesgo de vaciar su legado. 
 
Martin Miguel de Güemes fue un líder carismático como Artigas, no un padre benefactor, porque también recibía las presiones de sus bases populares y muchas veces esa relación se tensaba, con la aspereza propia de los tiempos de guerra. 
En la apretada síntesis que nos vemos obligados a realizar por razones de espacio, resalta de manera inequívoca, la voluntad de ocultar, tergiversar o malversar, los contenidos sociales y políticos de lo esencial del pensamiento de Güemes: el concepto de amor a la Patria, de lealtad a los ideales de Mayo, su profundo respeto y admiración fundamentalmente por el Gral. San Martin y el Gral. Belgrano, una sociedad más justa e igualitaria adelantada en mucho a los parámetros de la época. 
Mucho les costó a las elites salteñas y jujeñas reconstruir el orden establecido por ellas, inmovilizado en su propio beneficio, que les dio por años sustento ideológico, económico y su anhelada permanencia, aunque hay que decir que lo consiguieron logrando una inmovilización en las décadas subsiguientes. 
La elite a la cual pertenecía Güemes por cuna y prosapia será, solapadamente o sin tapujos según el momento, quien lo persiga y conspire contra él, incluso hasta su muerte, porque jamás le perdonaron lo que consideraban la “traición” de uno de los suyos. 
Aquella elite necesitó sin embargo años para restituir su propio orden social y apropiarse de la figura de Güemes, en el intento de borrar lo esencial, que, en definitiva, era la base de su odio de clase hacia él. 
Tal vez el Bicentenario de su muerte sirva para retomar el ideario de quien miró con ojos de Patria un proyecto emancipador mucho más amplio…el de la Liberación Americana. 
 
 

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